miércoles, abril 04, 2007

Nuestros Dioses

(".....Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche
y fue la tarde y la mañana un día.....")




Que decir de los dioses del hombre que no se haya dicho antes? Nada nuevo seguramente, sólo otro grano de arena en la infinita playa de las opiniones de la historia del mundo.
Pero bueno, ahí vamos:
Que ves si miras por la ventana? Arriba el cielo, abajo la tierra y en la línea de contacto entre ambos eso que parecen inquietas hormigas siempre en movimiento, siempre haciendo su parte en la antiquísima comunidad del hormiguero: el hombre, caminando todo el tiempo en ese borde entre lo divino y lo terreno, sólo porque un día hace algunos millones de años un antiguo mono fué expulsado del paraíso de su mente animal pura e instintiva para comer del árbol del la ciencia, del bien y del mal

"...el día que comiereis de él, serán abiertos vuestros ojos,
y seréis como dioses..."

(Génesis 3:5)

Arriba en el cielo, en el aire, en lo invisible, en lo intangible, en el pensamiento, en el sentido de las cosas y de las acciones, en los sentimientos, en la escencia, en los valores, en las opiniones, están los dioses, todos ellos, los grandes y los pequeños, los eternos y los cotidianos, los de barro, los de aire, los de polvo de estrellas, los de las iglesias, los de los hospitales, los de Wall Street, los de la guerra y los de la paz, los dioses secretos y los olvidados, los poderosos y los bienaventurados, los misteriosos y los místicos, los simples o los profundos, los inasibles, los orgiásticos y los ascéticos, los de nieve y los de fuego, los llamemos como los llamemos, Alma del Mundo, Akatosh, Jehová, Mahoma, Buda, Marte, Sol, Osiris, mandamientos, preceptos, leyes, el alma de las cosas: Son el bien y el mal. Lo conceptual, el espíritu de todo lo que anida en cada uno, y de donde vienen a la corta o a la larga todas nuestras ideas: nuestros dioses y los dioses de los que nos precedieron.

Nuestros padres nos heredaron los dioses que les pasaron sus abuelos quienes a su vez los leyeron en los libros que escribieron otros antes que ellos, en los nombres de los barcos, en las pinturas al óleo, en los susurros que murmuraban al viento la estatuas de Miguel Angel, en los dibujos de Da Vinci, en los párrafos indescifrables de Tomas de Aquino, en el significado oculto del vuelo de las palomas de Marzo sobre las cúpulas de la Catedral...
Nuestros dioses nacieron con nosotros de la mas profunda noche de los tiempos, de la nada oscura y fría del no-existir

"En el principio creó Dios los cielos y la tierra.
Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las
tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el
espíritu de Dios se movía sobre la faz de las
aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz..."

(Génesis 1:1)

Nuestros dioses juegan a la payana cósmica con nosotros, y nos observan y se dejan inventar y desairar y creer y descreer
Nuestros dioses guardan en su arcano corazón nuestros valores, conceptos, ideas, credos, leyendas y filosofías: el rico software acumulado de la humanidad que anida y se reinventa a si mismo dentro de cada uno todos los días de nuestras vidas
Nuestros dioses son los que nos separan de aquel mono milenario, son los que nos conectan con la estrellas y sin ellos seríamos solo hardware de carne, caminando sin demasiado sentido sobre la superficie del planeta