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jueves, diciembre 13, 2007

Quien dijo que el 2007 ya se fue!

(Los días mas hermosos de nuestras vidas)



Todavía faltan las Fiestas, el pan dulce, los turrones, el ananá fizz que prepara el tio Felipe como hace 40 años

Todavía faltan los concursos de globos de papel entre las mujeres y los hombres y ojalá que este año finalmente podamos derribar un globo enemigo con una cañita voladora tierra-aire que NUNCA dan en el blanco, empeñándose mas bien en volar siempre para el lado de sus sueños

Todavia faltan las guerritas de cuetes, la caminata a la pirotecnia de los Lopez y los chistes sobre el vino del tio Carlos que siempre manda las mejores botellas para la mesa de los grandes

Falta la guitarreada y los cuentos de siempre, el juego del amigo invisible y algun sobrino pequeño que aun cree en Papá Noel mirando las estrellitas en el patio mientras corremos a poner los regalos en el arbolito...

La pucha si todavia falta, para terminar el 2007 :-)

Felices Fiestas!

Les deseamos en la Frontera



Y que el 2008 les traiga el mejor regalo de sus vidas...

Mi tarjeta de Navidad

lunes, diciembre 18, 2006

Especial Navidad

(El poder de Santa Claus)



Chavez ha prohibido a Papá Noel en todos los edificios públicos de Venezuela transformando al simpático gordito panzón en el primer exiliado de la Navidad Latinoamericana. Quieren parece, volver al pesebre que es mas criollo y menos sajón que nuestro colorado amigo de barba blanca. Todo lo cual me suele oler a un sospechoso tufillo nacionalista que yo usualmente asocio a los sectores conservadores y/o ultracatólicos tan arraigados en América del Sur, tanto en las clases adineradas como en las clases mas populares de la población.
Pero bueno, más allá de los ojos azules del rubio Niñito Dios de porcelana o de quién es o fue realmente Papá Noel y de la historia real de San Nicolás de Bari, las fiestas paganas a Saturno en la antigua Roma y los dibujos de Thomas Nast y la Coca Cola, me gustaría hablar un rato del famoso y no por eso menos vapuleado "Espíritu Navideño".

Cuando era adolescente, pragmático e ignorante pensaba que los cementerios eran una pérdida de tiempo, un espacio público desperdiciado, sólo apto para tontos y ancianas ingenuas que fueran los domingos a dejar flores frente a unas lápidas de piedra que envejecían sin sentido alguno bajo el sol y la lluvia de los años, fomentando entre todos el pingüe negocio de las funerarias y el modesto comercio de flores en los kioscos locales. Sin embargo luego que murió mi padre voy a dejarle flores cada tanto y a charlar un rato con el de mis problemas frente a su tumba que tiene sólo unos garabatos míos grabados en el mortero fresco que tapa el nicho. Ahí me comencé a dar cuenta cuan equivocado estaba en el pasado, a los cementerios (como casi todo) los hicimos porque nos hacen falta, como símbolos de nuestra propia finitud, como recuerdo de los que nos precedieron o vaya uno a saber que insondables necesidades del alma. Si los seres humanos construimos cementerios desde que vivíamos en las cavernas será por algo.
He dejado hace mucho tiempo de menospreciar los mitos y costumbres de las personas y los pueblos simplemente porque pueden parecer tontos, ilógicos o hasta ingenuos y kitsch a simple vista y desconfío hoy por hoy de las frases célebres de mi juventud al estilo de "las religiones son el opio de los pueblos" y otras de la misma calaña.

Con el "Espíritu Navideño" me pasa lo mismo: Me solían caer pesadas las comedias hollywoodenses sensibleras que por estas fechas pululan en la TV y los cines de fin de año dando muy buenos dividendos a las nuevas cadenas multimediáticas del siglo XXI. Pero la pregunta es para mi ahora: Invalidan las ganancias el concepto? Dalí fue menos artista porque se hizo rico pintando? Está mal "vender" buenos sentimientos, esperanzas (y entretenimiento) al estilo Hollywood o el mas autóctono Tinelli en Bailando por un sueño? Y lo mas importante: Tenemos realmente todos nosotros cosas mucho mas "importantes y profundas" que hacer con nuestro tiempo en vez de que disfrutar con un poco de ingenuidad del espíritu de la celebración las fiestas de fin de año? Tengo una amiga que sólo escucha música clásica o folklore de protesta, va los museos de arte moderno porque "esta bien", sólo lee a Borges o Bukowski y sólo vé películas de Bergman o Tarkovsky, detestando por otro lado a los McDonald's y las películas de Hollywood por ser expresiones del imperio Norteamericano y a los programas de Tinelli por ser estúpidos y pasatistas. No se está perdiendo una parte de la realidad, de la historia y del Mundo? No es mejor tener una experiencia vital mas variada? Cada uno sabrá la respuesta que más le cabe.

En cualquier caso y volviendo al "Espíritu Navideño" y a mis queridos amigos nacionalistas que añoran al Niñito Dios: No son todos mitos al fin y al cabo? O creen acaso en los Reyes Magos de verdad? (son los padres). Es mejor o más válida una leyenda que la otra? o la otra? o la otra? o los miles de mitos y costumbres que florecieron en todas las épocas y en todas las culturas? Me parece entonces tonto desacreditar unos mitos en favor de otros que estén mas acordes a nuestros prejuicios, escala de valores o modelo mental del momento.Todos son inventos, por eso existen porque los inventamos. Y seguramente los inventamos porque nos hacen falta. Feliz Navidad.

domingo, noviembre 26, 2006

Balances (espacio poético)



(Especial cumpleaños del autor)

Invariablemente los finales de año son tiempos de balances, comerciales y de los otros, los que involucran el alma y las tardes y las aerografías de Marilyn.
Invariablemente acuden a miles de mentes los recuerdos de alguien que se fue, mezclados con las copas de sidra Real, los turrones de maní y los confites. Hora de balances, dicen por ahí, hora de pesar honradamente, consumistamente, lo que ganamos y lo que perdimos en un año de almanaque de papel satinado:

Yo diría que ganamos algunas arrugas (del lado de afuera, y del lado de adentro también), y un poco mas de artritis en el codo izquierdo. Ganamos, si tuvimos bolas para jugarnos, un amor y un olvido, tres morlacos para pan y agua, una gomera usada de Casa Tía, una herida en el medio del pecho y un frasquito de cicatrizante trucho comprado en cualquier farmacia de turno, ganamos una crítica ácida legalizada por la Oficina Postal mas cercana, alguna palmada en la espalda “seguí asi pibe que vas bien”, y tres bolitas plásticas de Singapur (ya no vienen de vidrio como antes).

Fundamentalmente ganamos una sangre nueva, y una agenda en blanco para llenar de garabatos el año que viene, y apostarla por dos pesos en cada mesa de bar y en cada esquina.
Y también perdimos, perdimos unos minutos que fueron días y luego meses, y si no supimos jugarnos por alguna aventura, aunque mas no sea una aventura barata y simple de utilería, perdimos tristemente el tiempo. Un año más diría mi vecino, que es empleado de banco y todos los domingos riega las treintidós plantas de su jardín.
Y continuando con esta vieja y consumista manía de comparar, perdimos lo que no nos animamos a inventar y ganamos todo lo que partió con la prudencia, perdimos de ganar cantidades inmensas de guita en La Bolsa, y ganamos atardeceres y amigos y caminatas y tardes de sol y el mapa del pirata Morgan con la justa para encontrar un gran tesoro, y una secreta confesión del dragón amarillo que habita bajo los puentes de la Cañada.

Ganamos en definitiva trescientos sesenta y cinco centímetros cúbicos de vida bebidos de la incierta cantimplora que nos dieron para cruzar estos extraños parajes, y perdimos todo el líquido que cayó al piso en ese desesperado intento por calmar esta sed ancestral de vivir que nos anida en el alma.